Katrina Biurrun

El segundo cerebro de Amparo

 

STATEMENT

Apropiación y acción se articulan tanto en la base teórica como en la práctica artística del trabajo; todo íntimamente imbricado en lo que intentamos sea una superficie dialógica. Recopilamos, hacemos herbario transdisciplinar, traduciéndolo al bricolar nuestro entorno. Todo está en suspenso hasta que todo encuentra su espacio atemporal. Multiplicidad creadora. El color, el humor, el sin sentido/sentido neutro, así como el acontecer jugado son los que mueven todo el trabajo. El hacer es el juego sin tablero ni reglas. Intentamos anular la noción platónica como evaluación negativa o tolerante de los factores tradicionalmente adscritos al ámbito artístico: imaginación creadora y fantasía; y como la poesía (nacida de la esfera del juego) permanecemos en él como en nuestro hogar nómada. En nuestro juego (o en el de la poesía) las Cosas tienen otro aspecto que en la realidad ordinaria y están unidas por vínculos muy diferentes a los lógicos.

BIO

En 2013 cursa el Máster en Producción Artística de la Universitat Politècnica de València. Es Licenciada en Bellas Artes por la UPV/EHU. Leioa – Bizkaia y Técnico Superior en Artes Aplicadas al Muro y Diseño,  Escola Superior d’Art iDisseny Llotja, Barcelona.

DESCRIPCIÓN CONCEPTUAL DE LA OBRA

En su parte formal la pieza se presenta como una joya antigua y rara. Con una base sólida se erige en suma fragilidad, como un peligro latente. El blanco remite a la muerte y la sanación. El ganchillo es utilizado por la autora como las caminatas chamánicas, donde una acción repetitiva te deja la mente en blanco. En este caso el tejido está realizado en movimiento: de Barcelona a Valencia, de Valencia a Pontevedra y de Vigo a Bilbao. La pieza, intentará que el espectador deje de serlo y se implique en la posible sanación de Amparo o por lo menos, en su posible alegría al saberse recordada y amada por otros que ni siquiera la conocen. El trabajo se basa en la 1ª Ley de la Termodinámica y en la idea de Beuys de que pensar, sentir y querer son los verdaderos criterios estéticos.